Conocido por muchos amantes del deporte por ser la cuna de Luis
Ocaña, emblemático ciclista ganador del Tour de Francia de 1973 y la
Vuelta a España en 1970, Priego es uno de esos pueblecitos manchegos que
abre sin pudor sus puertas a todos los forasteros. Hablamos de una
localidad de poco más de un millar de habitantes que cuenta en sus
fronteras con dos picos de casi 1.300 metros de altitud, una orografía
que en estos tiempos que corren incita a organizar una carrera de
montaña. El guante lo recogió Ángel Llorens, especialista en pruebas
verticales y atleta patrocinado por Mizuno. Ahora también director de la
bautizada como Subida al Cerro de la Degollá, que
el domingo 17 de enero celebró su cuarta edición con casi 500 corredores en la línea de salida.
Hablamos de una carrera de esas que se hacen en familia, sin grandes
presupuestos ni pretensiones, con más cariño que marketing. El objetivo
no es otro que compartir los afilados paisajes conquenses con todo aquel
curioso que estuviera concienciado y preparado para afrontar
más de 1.000 metros de desnivel positivo en poco más de 14 kilómetros.
El reto es como un Kilómetro Vertical digerido en dos tiempos, con un
perfil capicúa que lo mismo daría hacerlo en un sentido que en el otro:
sería igual de duro.
La primera subida transcurre por un sendero con destino al cerro de
las Antenas, a 1.262 metros de altitud. Hasta que se la llevó el viento,
allí se encontraba la famosa Cruz de la Degollá. Es el kilómetro 4 y el
primer avituallamiento. A nuestra izquierda, las vistas de la hoz del
río Escabas eran espectaculares. Unos minutos más tarde estaríamos ahí
abajo, cruzando su caudal ayudados por una cuerda y encharcando nuestras
zapatillas para el resto de la competición. Pero antes tocó afrontar un
descenso técnico que escondía veneno sobre las rocas.
La escarcha se camuflaba entre el barro y las caídas y los resbalones fueron constantes e inesperados.
Se formaron incluso tapones en muchos pasos donde se requería de las
cuatro extremidades y el culo para poder continuar sin peligro.
Algunos
inventaron una modalidad nueva: el surf-running.
La segunda mitad de carrera fue más generosa. Se trataba de ascender a
la cima del Rodenal, por encima de los 1.300 metros de altitud y
sumando para entonces 10 kilómetros de distancia. La tarea fue ardua,
con zonas de cuerdas y riscos que no se dejaban escalar. Hubo que
andarse con cuidado en algunos tramos donde un resbalón hacia el lado
equivocado podía costar un disgusto importante. Mucho más generoso fue
el descenso desde las alturas y la vuelta a Priego por unos caminos
menos resbaladizos aunque igual de embarrados.
El epicentro de la prueba se situó en la plaza del pueblo, donde los
vecinos se agolparon y disfrutaron de la algarabía que durante todo el
fin de semana llenó de vida las calles de Priego. Tras el cierre de meta
y la entrega de premios, participantes y familiares pudieron degustar
una paella bien merecida que puso el broche final a una cuarta edición con una climatología estupenda.
La Subida al Cerro de la Degollá ya es una de las banderas visibles del
trail running conquense, y sigue creciendo no solo en nivel y
participantes, también en pasión y cariño.
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